Reconstrucción de un país, árbol por árbol

 

Timberland footprint in the sand

 

El terremoto que sacudió Haití el 21 de enero de 2010 no fue el primer desastre natural que asolaba el país. La parte occidental de la isla La Española, que anteriormente había estado cubierta con vegetación tropical, había comenzado a secarse en tiempos coloniales, pero fue la creación de las plantaciones de café lo que aceleró el proceso de deforestación. En 1923 más del 60 % del territorio de Haití estaba cubierto por bosques y, sin embargo, a principios del s. XXI solo era el 2 %. Se trata de un dato aterrador si pensamos que el 48 % de la vecina República Dominicana está cubierto por madera y que en una ciudad media estadounidense asciende hasta el 60 %. 

 

La población local utiliza la madera como combustible o la exporta a los países próximos. El crecimiento demográfico de las últimas décadas no ha sido de gran ayuda. La economía de Haití depende casi íntegramente de la agricultura, por lo tanto el paso hacia la deforestación con el fin de crear más superficie cultivable parecía la decisión lógica. Sin embargo, la ausencia de árboles expuso el terreno a una erosión inmediata y tuvo otras consecuencias relacionadas con el clima. Dados los antecedentes con los devastadores huracanes, el dramático terremoto de 2010 no sorprendió a nadie. El territorio de Haití, expuesto a causa de la deforestación, se vio gravemente afectado por fenómenos meteorológicos y la productividad del terreno sufrió una constante disminución. Esto dio lugar a un círculo vicioso en el que los agricultores tenían que mantener un proceso de deforestación para compensar la disminución del rendimiento del terreno.

 

Son muchos los expertos que afirman que la deforestación fue la responsable del terremo-to de 2010. Tras la catástrofe, el geólogo estadounidense Shimon Wdowinsk, junto con un grupo de investigación de la Universidad de Miami, estudió la corteza terrestre en la zona de Puerto Príncipe. Los datos recabados indican que las dos tormentas tropicales y los dos huracanes que afectaron Haití en 2008 desplazaron los sedimentos desde las montañas hasta el delta del río Leogane. Esto podría haber sido suficiente para provocar el terremoto dos años más tarde.

 

Hugh Locke y Timoté Georges, cofundadores de Smallholder Farmers Alliance, (asociación que reúne a pequeños agricultores), establecieron una colaboración con Timberland y la Clinton Global Initiative en 2010 unos meses antes del terremoto para reactivar la economía nacional. Georges y Locke ya habían organizado numerosas iniciativas para apoyar el desarrollo medioambiental y tanto Timberland como la Clinton Foundation tenían una trayectoria de implicación en cuestiones medioambientales. El objetivo inmediato del proyecto fue informar y apoyar a los agricultores que aplicasen un cultivo respetuoso con el medio ambiente y que reforestasen la tierra. Los pequeños agricultores tenían a su cargo 19 viveros y cada uno de ellos recibió un determinado número de semillas que debían devolver con la primera cosecha a fin de volver a ser independientes en un plazo aproximado de cinco años.

 

El ciclo operativo está claro: durante un periodo como voluntario en los viveros de la SFA, cada agricultor recibe formación, semillas y herramientas de calidad para poder sacar el máximo partido a la tierra. Los viveros tienen un cierre natural formado por los árboles recién plantados que los protegen del sol y la erosión, a la vez que producen frutos para el consumo o la venta. Gracias a la formación recibida, los agricultores haitianos pueden optimizar sus cosechas aumentando los ingresos y reduciendo los costes operativos. Dado el aumento de los ingresos, pueden devolver las semillas recibidas a la Smallholder Farmers Alliance y colaborar como voluntarios en los viveros para plantar más árboles. Se trata de un ciclo virtuoso que sirve para concienciar a la población haitiana y hacerla responsable de su tierra, a la vez que les permite ser independientes. 

 

Esta operación apoya la emancipación de las mujeres y ofrece tanto a hombres como a mujeres herramientas para que trabajen codo con codo en el cuidado de su tierra. Se ha demostrado que es un planteamiento avanzado: un estudio de la Food and Agriculture Organization demostró que ofrecer a las mujeres exactamente los mismos recursos técnicos y la formación que los hombres aumenta el rendimiento entre un 20 % y un 30 % de media. Durante los próximos cinco años, el objetivo es que participen 17 000 agricultores para duplicar los ingresos y, por lo tanto, poder plantar más de 25 millones de árboles. De este modo se restauraría lo que el colonialismo y la agricultura intensiva le arrebataron a Haití y a su tierra.

 

Timberland no solo patrocina el proyecto, sino que también ha decidido invertir en la revitalización del mercado del algodón empleando a pequeños agricultores haitianos. Timberland utiliza en sus propios productos la producción del proyecto de Haití. Los resultados ya superan las expectativas: las condiciones de vida han mejorado para más de 3000 pequeños agricultores. Además, se ha logrado regenerar el mercado del algodón, materia que en el pasado fue la tercera más exportada de Haití. Este mercado se desmoronó después de 1975 por la falta de una adecuada gestión económica y las continuas crisis políticas. A día de hoy, Haití es más verde y han aumentado los ingresos de los pequeños agricultores, reactivando un mercado que había sido profundamente dañado por el terremoto. En la página de la Smallholder Farmers Alliance se pueden consultar las estadísticas actuales: las cosechas han crecido aproximadamente un 40 % desde que comenzó el proyecto, los in-gresos de una familia media han ascendido alrededor de un 50 % y entre 2010 y 2016 se plantaron 5 784 000 árboles.

 

Después de cuatro huracanes, un terremoto con 230 000 víctimas y una epidemia de cólera con repercusiones permanentes, Haití mira al futuro, invirtiendo en la capacitación de su población y la restauración de su ecosistema. El nuevo modelo está basado en la sostenibilidad y en un mercado de exportación que respeta el medio ambiente. Árbol por árbol, Haití ha reforestado su tierra y, por lo tanto, ha devuelto la esperanza a su población. En los últimos meses, Timberland ha puesto en marcha el mismo proyecto en Puerto Rico (que fue asolado por un huracán en 2017). Tenemos la esperanza de que este modelo se copie por todo el mundo.