Timberland promete nuevas normas para obtener productos sin PVC

 

Waste on the beach

 

Los materiales plásticos han sido una de las mayores revoluciones del s. XX. Los primeros polímeros datan de la segunda mitad del siglo pasado, aunque no sería hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando estos materiales comenzaron a adquirir una gran importancia en las sociedades industriales. Durante la guerra, la escasez de acero, vidrio y madera provocó que la industria estadounidense buscase nuevos materiales que pudieran satisfacer las demandas nacionales del ámbito de la ingeniería, la producción y el mercado. Dada su maleabilidad, resistencia y durabilidad estructural, el plástico ofrecía soluciones técnicas en campos importantes como la ingeniería y las ciencias de los materiales. Esto, junto con su bajo coste y la posibilidad de producir en masa objetos de uso cotidiano, convirtió este material en el símbolo del consumo moderno.

 

No obstante, no todo iba a ser positivo: a causa de su estructura química, cuando se desechan en el entorno, los objetos de plástico duran mucho más tiempo que otras sustancias orgánicas, que se descomponen gracias a la acción de ciertos microorganismos. Esto tiene consecuencias muy negativas para los seres vivos. En la actualidad, los ecosistemas marítimos son los más dañados por los materiales de plástico y la contaminación de residuos, no solo porque muchos animales se quedan atrapados, sino porque al descomponerse en pequeñas partículas por efecto de la sal y los rayos ultravioletas, son ingeridos y entran en la cadena alimentaria.

 

El daño no es solo medioambiental. Según Trucost, empresa que realiza evaluaciones económicas relacionadas con la sostenibilidad medioambiental y los costes ocultos del consumo de recursos, el precio de los residuos de plástico dispersos por el mar es de 13 000 millones de USD al año. En esta evaluación se examina el efecto perjudicial de los residuos del turismo en la pesca, la salud pública y la biodiversidad, aunque si se considerasen también los costes sociales y medioambientales, la cantidad ascendería a 139 000 millones anuales.

 

Desde la década de los 50 hasta la actualidad, se han producido unos 6300 millones de toneladas de plástico, de las cuales solo se ha reciclado un 9 %. El 91 % restante está formado por un 12 % de residuos incinerados y un 79 % de residuos enterrados en vertederos o distribuidos por el entorno. Hoy en día, en Europa, el porcentaje de residuos de plástico reciclado es de aproximadamente el 30 %. Sin embargo, la Unión Europea ya ha promulgado un plan para que en 2030 todos los envases de plástico se hayan convertido progresivamente en productos reciclables.

 

Como hemos mencionado, el sector utiliza varios tipos de polímeros a modo de materiales plásticos, algunos de los cuales poseen características potencialmente perjudiciales para la salud pública y el entorno. Por ejemplo, junto con el polipropileno y el polietileno, el cloruro de polivinilo es uno de los plásticos de polímeros que más se utiliza en el mundo. El PVC, como también se le conoce, es ligero, barato, duradero y tiene una buena resistencia mecánica. Asimismo, se puede utilizar en formato rígido o flexible, característica que lo convierte en un material perfecto para fabricar productos sanitarios, pero también aislantes eléctricos, tubos y otros materiales de construcción, además de usarse en el sector de la confección, entre otros.

 

Sin embargo, como todos los materiales de plástico, el PVC es extremadamente contaminante. Entre los aditivos que se emplean en su producción se encuentra el plomo, metal venenoso que si se inhala o se ingiere interfiere con el funcionamiento de determinadas enzimas esenciales para el organismo. Por este motivo, desde 2015, los miembros de la Asociación Europea de Productores de Estabilizadores han dejado de utilizar el plomo como estabilizador de los plásticos de polímeros. En la actualidad se están llevando a cabo varias iniciativas para mejorar la recuperación del PVC y evitar su dispersión en el entorno, aunque el problema no se limita a su eliminación. La producción de este material requiere una serie de procesos químicos, cada uno de los cuales libera sustancias capaces de acumularse en el suelo, la atmósfera y el agua. Por ejemplo, el tratamiento de otro aditivo, el cloro, libera dioxinas: un agente contaminante con efectos cancerígenos y motivo por el cual no se puede incinerar el PVC.

 

En algunos casos, este material se puede sustituir por alternativas «tradicionales» —como la madera para sujeciones, el cemento o el cobre para tuberías y las poliamidas sintéticas como el nailon en lugar de los aislantes eléctricos estándar. En el caso de algunas prendas, su sustitución es más compleja ya que el PVC se utiliza para impermeabilizar. Timberland es líder en ropa técnica, otro motivo por el que en los últimos años se sintió en la obligación de invertir en productos de alta calidad más que otras empresas del sector. Ha dejado de utilizar muchos componentes y procesos industriales que podrían tener efectos perjudiciales para el entorno. Uno de los objetivos de Timberland es, en 2020, haber eliminado por completo el PVC y sus derivados de los productos de la marca en favor de otros materiales, por ejemplo los polímeros adhesivos basados en agua. Estos polímeros se obtienen a partir de una base de compuestos de caucho a la que se añaden aditivos no tóxicos como las resinas de hidrocarburo sintético.

 

En 2013, el 8,9 % del calzado de Timberland contenía elementos de PVC, mientras que en 2014 el porcentaje se había reducido en un 1,8 %. En 2016, ya se había logrado sustituir el cloruro de polivinilo con bastante éxito al haber eliminado en un 98 % el PVC del calzado y las prendas de la línea Timberland PRO®. En los dos próximos años, Timberland prevé una producción de calzado libre de PVC al 100 %.

 

Es evidente que el cumplimiento de nuevas normas en la fabricación de estos productos plantea retos reales y constantes en términos de tecnología y logística. Sin embargo, para Timberland esto significa anteponer la protección del medio ambiente y la salud pública y rechazar el uso de sustancias potencialmente peligrosas aunque hayan demostrado ser extremadamente versátiles.